La inclinación hacia una u otra visión, dio lugar a ciertas tensiones en el seno de la comunidad del diseño. Surgieron algunas (aunque pocas todavía) voces discordantes que proclamaban la necesidad de reducir el consumo y de cambiar los estilos de vida (lo que supone un choque con los intereses industriales y comerciales) y ponían en duda la autenticidad de los productos «verdes» y el lugar del diseño como cómplice de una táctica de ventas más.
Exposiciones como «Green Design: Beyond the Bandwagon» (Design Museum, Londres, 1990) reflejaban el interés de ciertos sectores por crear diseños genuinamente verdes, conscientes de que la opción de adquirir productos menos dañinos o benignos ambientalmente provocaba un incremento del consumo. En palabras de James Robertson, escritas en 1989: «... los esfuerzos para propiciar el consumo de bienes ambientalmente benignos resultarán simplemente en el fortalecimiento del crecimiento del consumismo».
De esta manera, paulatinamente, los diseñadores más concienciados fueron trasladándose del «Green Design» hasta el «diseño ecológico» o «ecodiseño», un término que se usó por primera vez para nombrar a Ecodesign, la publicación de la Ecological Design Association, fundada en Inglaterra en 1989.
Un año después, aproximadamente, el diseño se encontraba en su tercera oleada de ideas ambientales pues hacia 1990, el ecodiseño era una corriente seguida en muchos de los países europeos y en Australia, con la creación ese mismo año de la EcoDesign Foundation en Sydney.
El número de conferencias, congresos y grupos de trabajo sobre el tema fue en incremento y se iniciaron investigaciones con un enfoque sistémico en las universidades. Así, aparecieron conceptos como el del ciclo de vida, el «cradle to grave» (de la cuna a la tumba), mientras se hablaba de ecología industrial. Es de destacar la labor realizada por la University of Technology de Delft (TU Delft), donde comenzaron a estudiarse los productos en su relación con la energía y los materiales. TU Delft impulsó la colaboración con empresas con el objetivo de introducir las metodologías del ecodiseño en la industria.
Ahora bien, no han faltado tampoco las críticas al ecodiseño. Por ejemplo, Pauline Madge considera que es un enfoque en el que se esquematizan los modelos ecológicos –dejando de lado que la Naturaleza es un conjunto de sistemas dinámicos impredecibles y en constante evolución– y se los trata como absolutos. Se podría decir, pues, que es un tratamiento tecnocéntrico del medio, que no tiene en cuenta el equilibrio de los sistemas naturales.
En los últimos tiempos, sin embargo, se han ido incorporando conceptos de la Ecología Profunda y, de acuerdo a Brenda García Parra: «el Diseño se enfrenta a un nuevo reto para revertir los impactos ambientales, ya que implica adoptar un enfoque en el que se visualice el entorno como un conjunto de sistemas complejos interrelacionados en donde el hombre es parte del sistema, reconociendo un acercamiento a la idea de sustentabilidad».